El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos 4
Pongo un principio en una fórmula. Todo naturalismo en la moral, es decir, toda moral sana, está dominado por un instinto de la vida; algún mandamiento de la vida se cumple con un determinado canon de «Debe» y «No debe», alguna inhibición y hostilidad en el camino de la vida se elimina con él. Y, a la inversa, la moral contranatural, es decir, casi toda moral que ha sido enseñada, venerada y predicada hasta ahora, se vuelve precisamente contra los instintos de la vida: es una condena de esos instintos ora oculta, ora manifiesta y descarada. Cuando dice «Dios ve los corazones», está diciendo «no» a los apetitos más bajos y más elevados de la vida y toma a Dios como enemigo de la vida… El santo en el que Dios tiene su complacencia es el castrado ideal… La vida termina allí donde empieza el «Reino de Dios»…
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