El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos He hablado del espÃritu alemán: que se está haciendo más basto, que se está aplanando. ¿Es suficiente? En el fondo es algo enteramente distinto lo que me asusta: cómo la seriedad alemana, la profundidad alemana, la pasión alemana en las cosas del espÃritu va para abajo. Ha cambiado el pathos, no solo la intelectualidad. De vez en cuando toco Universidades alemanas: ¡qué aire domina entre sus eruditos, qué espiritualidad yerma, que se ha vuelto conformista y tibia! SerÃa un grave malentendido si a este respecto se me quisiese objetar con la ciencia alemana, y además serÃa una demostración de que no se ha leÃdo una palabra de mis escritos. Llevo diecisiete años sin cansarme de sacar a la luz la desespiritualizadora influencia de nuestro actual tejemaneje cientÃfico. El duro ilotismo al que el enorme volumen de las ciencias condena actualmente a cada individuo particular es una razón fundamental de que naturalezas más plenas, más ricas, más profundas, ya no encuentren educación y educadores adecuados para ellas. De nada adolece más nuestra cultura que de la sobra de holgazanes petulantes y humanidades fragmentarias; nuestras universidades son, contra su voluntad, auténticos invernaderos de esta especie de atrofia de los instintos del espÃritu. Y toda Europa ya se ha dado cuenta, la gran polÃtica no engaña a nadie… Alemania está considerada cada vez más como la planicie de Europa. Aún sigo buscando un alemán con el que yo pudiese ser serio a mi manera, ¡y cuánto más uno con el que me fuese lÃcito ser jovial! Crepúsculo de los Ãdolos: ¡ah, quién serÃa capaz de comprender hoy de qué seriedad se recupera aquà un eremita! La jovialidad es en nosotros lo más incomprensible…