El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Si con las últimas frases no he sido capaz tal vez de dar a esta difÃcil noción más que una expresión provisional, que pocos comprenderán en seguida, no desistiré, precisamente en este lugar, de incitar a mis amigos a que hagan un nuevo intento, ni de rogarles que con un único ejemplo de nuestra experiencia común se preparen al conocimiento de la tesis general. En este ejemplo no me referiré a quienes utilizan las imágenes de los sucesos escénicos, las palabras y afectos de los personajes que actúan, para aproximarse con esa ayuda al sentimiento musical; pues ninguno de éstos habla la música como lengua materna, y tampoco llegan, pese a esa ayuda, más que hasta los pórticos de la percepción musical, sin que jamás les sea lÃcito rozar sus santuarios más Ãntimos; muchos de ellos, como Gervinus[209], no llegan por ese camino ni siquiera hasta los pórticos. He de dirigirme tan sólo, por el contrario, a quienes están emparentados directamente con la música, a aquellos que, por decirlo asÃ, tienen en ella su seno materno y se relacionan con las cosas únicamente a través de relaciones musicales inconscientes. A esos músicos genuinos es a quienes yo dirijo la pregunta de si pueden imaginarse un hombre que sea capaz de escuchar el tercer acto de Tristán e Isolda sin ninguna ayuda de palabra e imagen, puramente como un enorme movimiento sinfónico, y que no expire, desplegando espasmódicamente todas las alas del alma. Un hombre que, por asà decirlo, haya aplicado, como aquà ocurre, el oÃdo al ventrÃculo cardÃaco de la voluntad universal, que siente cómo el furioso desde de existir se efunde a partir de aquÃ, en todas las venas del mundo, cual una corriente estruendosa o cual un delicadÃsimo arroyo pulverizado, ¿no quedará destrozado bruscamente? Protegido por la miserable envoltura de cristal del individuo humano, deberÃa soportar el percibir el eco de innumerables gritos de placer y dolor que llegan del «vasto espacio de la noche de los mundos»[210], sin acogerse inconteniblemente, en esta danza pastoral de la metafÃsica, a su patria primordial. Pero si semejante obra puede ser escuchada como un todo sin negar la existencia individual, si semejante creación ha podido ser creada sin triturar a su creador – ¿dónde obtendremos la solución de tal contradicción?[211].