El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Entre nuestra excitación musical suprema y aquella música se interponen aquà el mito trágico y el héroe trágico, los cuales no son en el fondo más que un sÃmbolo de hechos universalÃsimos, acerca de los cuales sólo la música puede hablar por vÃa directa. Mas en cuanto es un sÃmbolo, si nuestra manera de sentir fuese la de seres puramente dionisÃacos, entonces el mito permanecerÃa a nuestro lado completamente inatendido e ineficaz, y ni por un instante nos apartarÃa de tender nuestro oÃdo hacia el eco de los universalia ante rem [universales anteriores a la cosa]. La fuerza apolÃnea, sin embargo, dirigida al restablecimiento del casi triturado individuo, irrumpe aquà con el bálsamo saludable de un engaño delicioso: de repente creemos estar viendo nada más que a Tristán, que inmóvil y con voz sofocada se pregunta: «la vieja melodÃa, ¿por qué me despierta?»[212]. Y lo que antes nos parecÃa un gemido hueco brotado del centro del ser, ahora quiere decirnos tan sólo cuán «desierto y vacÃo está el mar». Y cuando imaginábamos extinguirnos sin aliento, en un espasmódico estirarse de todos los sentimientos, y sólo una pequeña cosa nos ligaba a esta existencia, ahora oÃmos y vemos tan sólo al héroe herido de muerte, que, sin embargo, no muere, y que desesperadamente grita: «¡Anhelar! ¡Anhelar! ¡Anhelar, al morir, no morir de anhelo!»[213]. Y si antes el júbilo del cuerno, tras tal desmesura y tal exceso de voraces tormentos, nos partió el corazón, casi como el más grande de los tormentos, ahora entre nosotros y ese «júbilo en sû está Kurwenal, el cual grita de alegrÃa mirando hacia el barco que trae Isolda. Por muy violentamente que la compasión nos invada, en cierto sentido es ella, sin embargo, la que nos salva del sufrimiento primordial del mundo, de igual modo que es la imagen simbólica del mito la que nos salva de la intuición inmediata de la Idea suprema del mundo, y son el pensamiento y la palabra los que nos salvan de la efusión no refrenada de la voluntad inconsciente. Gracias a este magnÃfico engaño apolÃneo parécenos que incluso el reino mismo de los sonidos sale a nuestro encuentro como un mundo plástico, que también en este mundo ha sido modelado y acuñado plásticamente, como en la más delicada y expresiva de las materias, sólo el destino de Tristán e Isolda.