El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Es conocida la extraordinaria veneración de que EurÃpides disfrutó entre los poetas de la comedia ática nueva. Uno de los más notables, Filemón[244], declaró que se dejarÃa ahorcar al instante: si estuviera convencido de que el difunto continuaba teniendo vida y entendimiento. Pero lo que EurÃpides posee en común con Menandro y Filemón, y lo que ejerció sobre éstos un efecto tan ejemplar, podemos resumirlo brevÃsimamente en la fórmula de que ellos llevaron el espectador al escenario. Antes de EurÃpides, habÃan sido seres humanos estilizados en héroes, a los cuales se les notaba en seguida que procedÃan de los dioses y semidioses de la tragedia más antigua. El espectador veÃa en ellos un pasado ideal de Grecia y, por tanto, la realidad de todo aquello que, en instantes sublimes, vivÃa también en su alma. Con EurÃpides irrumpió en el escenario el espectador, el ser humano en la realidad de la vida cotidiana. El espejo que antes habÃa reproducido sólo los rasgos grades y audaces se volvió más fiel y, con ello, más vulgar. El vestido de gala se hizo más transparente en cierto modo, la máscara se transformó en semimáscara: las formas de la vida cotidiana pasaron claramente a primer plano. Aquella imagen auténticamente tÃpica del heleno, la figura de Ulises, habÃa sido elevada por Esquilo hasta el carácter grandioso, astuto y noble a la vez, de un Prometeo: entre las manos de los nuevos poetas esa figura quedó rebajada al papel de esclavo doméstico, bonachón y pÃcaro a la vez, que con gran frecuencia se encuentra, como temerario intrigante, en el centro del drama entero. Lo que, en Las ranas de Aristófanes, EurÃpides cuenta entre sus méritos, el haber hecho adelgazar al arte trágico mediante una cura de agua y el haber reducido su peso[245], eso es algo que se aplica sobre todo a las figuras de los héroes: en esencial, lo que es espectador veÃa y oÃa en el escenario euripideo era su propio doble, envuelto, eso sÃ, en el ropaje de gala de la retórica. La idealidad se ha replegado a la palabra y ha huido del pensamiento. Pero justo aquà tocamos el aspecto brillante, y que salta a los ojos, de la innovación euripidea: en él el pueblo ha aprendido a hablar: esto lo ensalza él mismo, en el certamen con Esquilo: mediante él ahora el pueblo sabe