Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL CONOCIMIENTO ES DOLOR.— ¡Cuánto diera por hacer buenas las falsas afirmaciones de los homines religiosi!, (que existe un Dios que nos exige el bien, que es custodio y testigo de toda acción, de todo pensamiento, que nos ama, que en las desgracias nos socorre). ¡Cuánto diera por otras verdades, que serÃan tan saludables, consoladoras y benéficas como estos errores! Pero tales verdades no existen; la filosofÃa puede, cuando más, oponerles apariencias metafÃsicas (en el fondo falsedades también). Precisamente por la tragedia no puedo creer en los dogmas de la religión y de la metafÃsica, si se tiene en la cabeza y en el corazón el método de la verdad. Por otra parte, se ha llegado, por la evolución de la humanidad, a ser bastante excitable, apasionado, para tener absoluta necesidad de medios de salud y de consuelo de género más elevado, de donde viene el peligro de que el hombre se ensangriente al contacto de la verdad reconocida, o más exactamente, del error penetrado. Esto es lo que expresa Byron en versos inmortales:
El conocimiento es dolor: los que más sepan más deben llorar esta verdad fatal: el árbol de la Ciencia no es el de la vida.
Contra tales inquietudes, es grato evocar la magnÃfica frivolidad de Horacio, a lo menos en lo que se refiere a los errores y eclipses del sol del alma, y decir con él: