Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LA NECESIDAD DE LA REDENCIÓN CRISTIANA.— Por medio de un examen atento, debe ser posible encontrar en el fenómeno del alma del cristiano, que se llama necesidad de redención, alguna explicación libre de mitologÃa, y por consiguiente, puramente psicológica. Hasta hoy, las explicaciones psicológicas de los estados y de los fenómenos religiosos estuvieron en descrédito, porque una teologÃa sedicente libre cifraba en este dominio su existencia estéril; toda vez que de antemano, según puede deducirse del espÃritu de su fundador, Schleiermacher, tenÃa el designio de mantener la religión cristiana y de hacer subsistir la teologÃa cristiana, la cual, se decÃa, debÃa adquirir en los análisis psicológicos de los hechos religiosos nuevo fondo, y sobre todo nueva ocupación. Sin dejarnos conducir por semejantes guÃas, osamos exponer la explicación del fenómeno en cuestión. El hombre tiene conciencia de ciertas acciones que están por debajo de la escala de su conciencia, aun descubre en él cierta tendencia a acciones de ese género, que le parece tan inmutable como todo su ser. ¡Cuánto desearÃa ensayarse en esa otra clase de acciones, que son apreciadas por todos generalmente como las más altas y grandes! ¡Cuánto desearÃa sentirse dueño de la buena conciencia que debe dar el pensamiento desinteresado! Pero por desgracia permanece empeñado en su propósito, el descontento de no poder satisfacer aquellos deseos se agrega a todos los demás descontentos que le trajo en dote la existencia, o que son consecuencia de aquellas acciones que se llaman malas; por eso le aqueja profundo malestar, que le obliga a buscar un médico capaz de suprimir esa causa y todas las demás. Tal situación no causarÃa tanta amargura si el hombre no se comparase sino con otros hombres imparcialmente; entonces no tendrÃa razón para estar tan descontento de sà mismo; llevarÃa simplemente su parte de la carga general del descontento y de la imperfección humana. Pero se compara con un ser reputado capaz solamente de acciones no egoÃstas y que vive en la conciencia perpetua de un pensamiento desinteresado, con Dios; por mirarse en espejo tan refulgente es por lo que le parece su ser tan obscuro, tan notablemente desfigurado. En seguida se siente angustiado, pensando en ese mismo ser que la imaginación se figura tener delante como una justicia castigadora; en todos los detalles de la vida, grandes y pequeños, reconocer sus iras, sus amenazas y hasta sentir de antemano los latigazos de sus jueces y de sus verdugos. ¿Quién le socorrerá en ese peligro, que por la perspectiva de una inconmensurable duración de la pena sobrepasa en crueldad a todos los demás temores de la imaginación?