Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 139
El asceta procura también hacerse la vida ligera, y esto, ordinariamente, por medio de una sumisión completa a una voluntad extraña o a una ley y un ritual extenso, del mismo modo que el brahmán, que nada deja a su propia determinación y se determina a cada minuto por un precepto sagrado. Esta sumisión es un poderoso medio para hacerse soberano de sà mismo; se está siempre ocupado, sin fastidio, por lo tanto, y no se recibe de fuera ninguna excitación a la propia voluntad o a la pasión; consumado el acto, no queda sentimiento alguno de responsabilidad, y por consiguiente, ningún remordimiento, nada de lo que haya que arrepentirse. Una vez por todas, ha renunciado uno a la propia voluntad, y esto es más fácil que renunciarla casualmente, asà como es más fácil renunciar a un deseo que moderarlo. Si pensamos en la situación actual del hombre en relación al Estado, encontraremos también allà que la obediencia incondicional es mucho más fácil que la condicionada. El santo se facilita, pues la vida por ese abandono total de su personalidad y uno se engaña cuando admira en este fenómeno el supremo heroÃsmo de la moralidad. Es en todos los casos más pesado, más penoso, mantener la personalidad sin incertidumbres ni injusticias, que separarse de ella de la manera que acabamos de expresar, además de que para aquello se necesita más espÃritu y más reflexión.