Humano, demasiado humano
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Aparte de esto, en muchos de los actos más difícilmente explicables de las manifestaciones de este placer de la emoción en sí, yo podría también reconocer en el desprecio de sí mismo, que forma parte de los caracteres de la santidad, y aun en los actos de tortura contra el propio ser (hambre, flagelaciones, disloque de miembros, simulación de extravío), un medio con el cual estas naturalezas luchan contra el cansancio general de su voluntad de vivir (de sus nervios): echan mano de los medios de excitación y de tortura para levantarse, a lo menos por algún tiempo, del debilitamiento y del fastidio en que les hacen caer frecuentemente la gran indolencia de espíritu y la sumisión a una voluntad extraña que hemos descrito.
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