Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano Resumiendo: el estado del alma en que el santo o el aprendiz de santo se complacen, está compuesto de elementos que todos nosotros conocemos bastante, salvo que bajo la influencia de otras ideas distintas a las religiosas se presentan con un matiz diferente y entonces de ordinario incurren en la censura de los hombres, tanto bajo el adorno de la religión y de la última significación del ser, pueden contar con su admiración, hasta con su veneración, en la misma proporción con que contaban en tiempos anteriores. Ya practique el santo ese reto a sí mismo, que está emparentado con el deseo de dominación a toda costa que hasta al propio solitario le proporciona el sentimiento del poder; ya su sentimiento desbordante salte del deseo de dar curso libre a sus pasiones, al deseo de refrenarlas como a caballos indómitos, bajo la presión poderosa de una alma soberbia; ya quiera una cesación completa de todos los sentimientos destructores, torturantes, excitantes, soñar despierto, descanso perdurable en el siendo de una indolencia bruta, animal, vegetativa; ya busque la lucha y la encienda en él, porque el fastidio se le presente con faz mohína; azote la divinización de su yo por medio del propio desprecio y la crueldad contra su propio ser; se complazca en el despertar salvaje de sus apetitos y en el dolor penetrante del pecado, hasta en la idea de su perdición; sepa poner traba a sus pasiones, como por ejemplo, a la del extremo deseo de la dominación, o pase a la extrema humildad, y su alma, quebrantada por ese contraste, la sienta arrancada de todos sus goznes; y por fin, cuando sueñe con visiones, con conversaciones con los muertos o con espíritus invisibles, con seres divinos, no será sino una especie rara de placer el que desea, quizá un placer al que vayan ligados todos los demás placeres, Novalis, autoridad en esta materia por experiencia y por instinto, revela en cierta ocasión todo el secreto con ingenua alegría. «Causa bastante admiración que, después de tanto tiempo, la asociación de la voluptuosidad, de la religión y de la crueldad no haya puesto a los hombres en camino de notar el parentesco íntimo y la tendencia común».