Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LOS SUFRIMIENTOS DEL GENIO Y SU VALOR.— El genio artÃstico quiere producir satisfacción, pero si se eleva a un grado muy alto, le falta fácilmente persona a quien producirla: ofrece manjares sabrosos, pero que el paladar, poco delicado, no saborea. Y como es natural, esto imprime en él, según las circunstancias, o algo patético, o algo conmovedor, o algo ridÃculo, toda vez que en el fondo no tiene ningún derecho para obligar a los hombres a saborear el placer. Su pÃfano suena… pero nadie quiere bailar… ¿hay en esto algo de trágico? Y, sin embargo, ¡quién sabe si es asÃ! Pero en compensación de tal privación, siente mayor goce al crear que los demás hombres al ocuparse en otros géneros de actividad. Sus sufrimientos nos producen sufrimiento excesivo, porque su queja es más aguda y su voz más elocuente, y a las veces, sus sufrimientos son demasiado crueles, pero solamente su ambición y sus anhelos son demasiado grandes. El genio que es sabio, como lo fueron Kepler y Spinoza, no es ordinariamente tan exigente, y no pone tampoco en tanto relieve sus privaciones y sus sufrimientos, en realidad grandÃsimos. Tiene derecho a contar seguramente con el reconocimiento de la posteridad, con mayor certeza, y de rechazar lo presente, mientras que un artista que desempeña un papel, tiene que sentirse desesperado y sufrir horrorosamente por causa de ese desempeño, siempre igual. En algunos casos, ciertamente muy raros, cuando en el mismo individuo se combinan el genio de producir y de conocer y el genio moral, viene a añadirse a tales dolores otra especie de dolores que deben ser mirados como las excepciones más singulares del mundo: los sentimientos extra y suprapersonales que implican a un pueblo, a la humanidad, al conjunto de las civilizaciones, a todo ser que sufre: sentimientos que adquieren todo su valor por la unión con conocimientos particularmente penosos y abstrusos (la piedad en sà tiene muy poco valor). Pero ¿qué medida, qué balanza de prueba existe para su autenticidad? ¿No está casi obligado a desconfiar de todos los que hablan de sentimientos de esta naturaleza respecto de sà mismos?