Humano, demasiado humano

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HOMBRES CREADOS.— Cuando decimos que el autor dramático, y generalmente el artista, crea caracteres, nos forjamos una bella ilusión, cuya existencia el arte celebra como un triunfo que no ha buscado, triunfo por decirlo así, superabundante. La verdad es que no sabemos gran cosa de un hombre realmente vivo y hacemos una generalización muy superficial cuando le atribuimos tal o cual carácter. A esta situación, muy imperfecta en relación al hombre, responde el poeta (y en este sentido crea) con rebuscamientos tan superficiales como lo es nuestro conocimiento de los hombres. Muy nublados están los ojos de los artistas cuando crean sus caracteres; no son producciones naturales encarnadas, sino bocetos; no puede vérsele de cerca. Aun cuando se diga que el carácter de los hombres que se equiparan en condiciones personales se contradice a menudo, que el carácter creado por el dramaturgo es el modelo que se propuso la Naturaleza, todo ello es falso. El hombre real es ente absolutamente necesario (hasta en lo que se llama sus contradicciones), pero no siempre conocemos esta necesidad. El hombre inventado, el fantasma, tiene la pretensión de significar alguna cosa necesaria, pero solamente para las gentes que no comprenden un hombre real sino en una simplificación grosera y antinatural, toda vez que uno o dos toscos rasgos, a menudo repetidos, con mucha luz por encima y mucha sombra o semiobscuridad alrededor, satisfacen completamente sus pretensiones. Por ello se encuentran fácilmente dispuestos a tratar al fantasma como a un hombre real, necesario, porque están acostumbrados a mirar en el hombre real un fantasma, una silueta, una abreviación arbitraria. Ni el pintor ni el escultor expresan la «idea» del hombre; creerlo es una imaginación y una ilusión de los sentidos: es la tiranía de los ojos la que nos domina cuando nos expresamos de tal manera, porque los ojos sólo ven del cuerpo humano la superficie, la piel; el interior del cuerpo pertenece a la «idea». El arte plástico quiere hacer visibles los caracteres sobre la piel; el arte del idioma usa de la palabra; con el mismo fin trata de manifestar el carácter por el sonido articulado. El arte tiene su origen en la natural ignorancia del hombre sobre su ser interior (cuerpo y carácter); no existe ni para los naturalistas ni para los filósofos.


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