Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 161
EXCESO DE LA PROPIA ESTIMACIÓN EN LA FE, EN LOS ARTISTAS Y EN LOS FILÓSOFOS.— Pensamos todos que la excelencia de una obra de arte, de un artista, está comprobada cuando nos subyugan, cuando se apoderan de nosotros, pero para que asà fuese en realidad, serÃa primero necesario que nuestra propia excelencia de juicio y de impresión estuviera también comprobada, lo que no sucede. ¿Quién en el dominio del arte plástico ha seducido más que BernÃn? ¿Quién ha obrado más poderosamente que ese retórico posterior a Demóstenes, que introdujo el estilo asiático y lo hizo dominar durante dos siglos? Ese dominio sobre siglos enteros no prueba nada en favor de la excelencia y el valor durable de un estilo; por esto no debemos tener demasiada confianza en la propia opinión sobre un artista cualquiera; en ella existe no solamente la fe en la verdad de nuestras impresiones, sino además en la infalibilidad de nuestro juicio o impresión, siendo asà que nuestro juicio o nuestra impresión o ambos a la vez pueden ser sobreexcitados o incultos, demasiado finos o demasiado toscos. Del mismo modo no prueban nada en favor de la verdad de una filosofÃa o de una religión sus efectos benéficos o edificantes; y de probar algo, probarÃan tan poco como prueba la dicha que el loco siente en su idea fija en favor de la sabidurÃa de esta idea.
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