Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL ARTE, PELIGROSO PARA EL ARTISTA.— Cuando el arte se apodera violentamente de un individuo, le atrae en sentido retrospectivo, conduciéndole a las épocas en que florecía con mayor esplendor; ejerce, pues, sobre éste influencia retrógrada. El artista se embebe cada vez más en la veneración por las excitaciones repentinas, cree en los dioses y en los demonios, anima a la Naturaleza, llega a tomar odio a la ciencia, se torna voluble en sus tendencias como los hombres de la antigüedad y anhela un trastorno general en todas las condiciones que no son favorables al arte, y esto con la violencia y la injusticia de un niño. Por consiguiente, el artista es ya de suyo un ser atrasado porque se mantiene dentro de los límites propios de la juventud, de la infancia, a lo cual debe añadirse que poco a poco sufre una deformación retrogradante. Así, acaba por producirse violento antagonismo entre él y los hombres de la misma edad de su época, y, de consiguiente, por tener un fin triste; así Homero y Esquilo acabaron por pasar la vida en honda melancolía y morir en ella.
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