Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano AMBICIÓN DEL ARTISTA.— Los artistas griegos, por ejemplo, los trágicos, componÃan para vencer; su arte no puede ser imaginado; la buena Eris de Hesiodo, la ambición, prestó las alas a su genio. Por consiguiente, esta ambición querÃa que su obra fuese excelente a sus propios ojos, tal como éstos la comprendÃan, sin relación a un gusto reinante ni a la opinión general, y por eso Esquilo y EurÃpides permanecieron largo tiempo sin tener éxito, hasta que por fin llegaron a formarse jueces para su arte, jueces que apreciaban sus obras según las reglas que ellos mismos establecieron. AsÃ, pues, buscando la victoria conforma a su propia manera de apreciar, querÃan ser más excelentes, para pedir después la aprobación extraña, la confirmación de su propio juicio. Buscar el honor quiere decir «hacerse superior y que esta superioridad se haga pública». Si lo primero falta y se ambiciona lo segundo, hablase de vanidad. Falta lo segundo y se nombra el orgullo.
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