Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LO NECESARIO EN LA OBRA DE ARTE.— Los que tanto hablan del elemento necesario a una obra de arte, exageran si son artistas in majorem artis gloriam, y si profanos, por ignorancia. Las formas de una obra de arte que dan a su pensamiento la palabra, que son, por consiguiente, su manera de expresarse, tienen siempre algo de peculiar. El escultor puede añadir o quitar muchos pequeños rasgos, asà como el intérprete, el comediante, o si se trata de la música, el profesor o director de orquesta. Esos numerosos pequeños detalles, esos refinamientos, le causan hoy placer, mañana no; corresponden más al artista que al arte, pues también aquél tiene necesidad alguna vez, entre la violencia y el esfuerzo sobre sà mismo que la expresión de su pensamiento principal le exige, de echar mano de medios de distracción, para no hacerse melancólico.
172
OLVIDAR AL MAESTRO.— El pianista que ejecuta la obra de un maestro habrá tocado lo mejor posible cuando haya hecho olvidar al maestro y causado la ilusión de que contaba una historia de su vida o algo que vive actualmente. Si no vale, todos maldecirán la jactancia con que nos habla de su vida. Es necesario, pues, que procure cautivar la imaginación del auditorio. De ese modo se explican a su vez todas las debilidades y las locuras de la «virtuosidad».
173