Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL LIBRO TROCADO CASI EN UN HOMBRE.— Es para todo escritor sorpresa enojosa y siempre nueva que su libro, desde que se separa de él, viva con vida propia. Quizá lo olvidará casi enteramente, quizá se elevará por encima de los conceptos que en él ha depositado, quizá ni lo entenderá ya y habrá perdido el alto vuelo a que se remontara para concebirlo; sin embargo, el libro es buscado por los lectores, produce dicha o desdicha, es causa de nuevas obras; se hace el alma de principios y de acciones: en una palabra, vive como un ser provisto de espíritu y de alma, y sin embargo no es un hombre. Es una dicha para el autor poder decir que todo lo que en él existía de ideas y de sentimientos creadores de vida, fortificantes, edificantes, esclarecedores, vive todavía en sus obras, y que él mismo no es más que la ceniza gris, mientras que el fuego ha sido conservado y propagado por todas partes. Si se considera, pues, que toda acción de un hombre, y no solamente un libro, sirve por algún motivo de ocasión a otras acciones, decisiones y pensamientos, que todo lo que se hace está anudado a lo que se hará, tendremos que reconocer verdadera inmortalidad existente, la del movimiento.
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