Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano GOZO EN LA ANCIANIDAD.— El pensar y aun el artista que ha puesto lo mejor de sà mismo en sus obras, experimenta un goce casi maligno cuando ve cómo su cuerpo y su espÃritu son quebrantados y destruidos lentamente por el tiempo, como si viera a un ladrón descerrajar la caja de caudales, sabiéndola vaciar.
210
FECUNDIDAD TRANQUILA.— Los aristócratas del espÃritu no se apresuran; sus creaciones aparecen y caen del árbol como en una tranquila tarde de otoño, sin que sean anhelosamente deseadas ni solicitadas. El deseo incesante de crear es vulgarÃsimo y atestigua recelos, envidia, ambición. Si es uno algo, no tiene necesidad de hacer nada. Por encima de los hombres «productores» existe una especie superior.
211