Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano AQUILES Y HOMERO.— Pasa como en el caso de Aquiles y de Homero: el uno tiene la vida, el sentimiento; el otro los describe. Un verdadero escritor no da fija más que la pasión y la experiencia de otro: es artista para saber sacar mucho de lo poco que ha sentido u oÃdo. Los artistas no son los hombres de gran pasión, sino lo que se las dan de tales, con el sentimiento inconsciente de que se concederá mayor crédito a su pasión pintada si su propia vida habla en favor. Para ello no hay más que dejarse llevar, no apasionarse, dar salida a la cólera, al apetito. Pronto el mundo exclamará: «¡Qué apasionado es!». Pero tratándose de la pasión que domina profundamente, que devora al individuo y hasta lo aniquila con frecuencia, la cosa tiene alguna importancia; el que la sufre no la describe ciertamente en dramas, melodÃas ni novelas. Los artistas son a menudo individuos sin freno, justamente en la medida en que no son artistas. Pero eso es cosa distinta.
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