Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano VIEJAS DUDAS SOBRE LA ACCIÓN DEL ARTE.— ¿Son la piedad y el terror, como quiere Aristóteles, purificados por la tragedia, aun cuando el oyente vuelve a casa más frÃo y más en calma? ¿Las historias de las apariciones hacen menos timorato y menos supersticioso? Verdad es que en ciertos hechos fÃsicos, en la pasión amorosa, por ejemplo, la satisfacción de una necesidad produce alivio momentáneo del instinto. Pero el terror y la piedad no son necesidad de órganos determinados, y a la larga, todo instinto humano se fortifica con el ejercicio de su satisfacción, a pesar de esos sedantes periódicos. Es posible que en cada caso particular fuesen aliviados el terror y la piedad por la tragedia; sin embargo, podrÃa muy bien suceder que se robustecieran por la influencia trágica, y Platón tendrÃa, a pesar de todo, razón cuando juzga que por la tragedia se hace uno más inquieto y más impresionable. El mismo poeta trágico adquirirÃa entonces necesariamente una vista del mundo sombrÃa, aterradora, y un alma angustiada, excitable, ávida de lágrimas. No nos repugna la opinión de Platón de que los poetas trágicos y hasta las ciudades enteras que se complacen con ellos, desciendan a una falta de medida y de freno siempre creciente. Pero ¿qué derecho tiene nuestro tiempo, en general, para dar una respuesta a la gran cuestión platónica de la influencia moral del arte? ¿De dónde tomamos la influencia, una influencia cualquiera del arte?