Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LA INMATERIALIDAD DEL GRAN ARTE.— Nuestros oÃdos, gracias al ejercicio extraordinario del entendimiento por el desarrollo artÃstico de la música nueva, se han hecho intelectuales. Lo que nos hace soportables acentos mucho más fuertes, mucho más «ruido», es que nos hemos ejercitado mucho mejor, para oÃr en él la significación, que nuestros antepasados. Todos nuestros sentidos, por lo mismo que demandan desde luego la significación, y por consiguiente lo que «eso quiere decir», no «lo que es», están en cierto modo entorpecidos; tal entorpecimiento se revela, por ejemplo, en el reino absoluto del temperamento de los sonidos, pues hoy los oÃdos capaces de distinciones finas, por ejemplo, entre un do sostenido y un re bemol, son excepcionales. Desde este punto de vista, nuestro oÃdo se ha hecho algo más torpe. Por otra parte, el lado originalmente hostil a los sentidos ha sido conquistado por la música; el dominio de su poder, especialmente por la expresión de lo sublime, de lo terrible, de lo misterioso, se ha extendido de un modo sorprendente. Nuestra música hace hablar a lo que en otro tiempo no tenÃa palabras. De manera análoga algunos pintores han hecho la vista más intelectual y han avanzado mucho más allá de lo que antes se llamaba el placer de los colores y de las formas. También en esto la parte del mundo que pasaba por repugnante ha sido conquistada por la inteligencia artÃstica. —¿Cuál es la consecuencia de todo esto?—. Cuanto más susceptible de pensamiento se hacen el oÃdo y la vista, más se acercan a los lÃmites de lo inmaterial; el placer radica en el cerebro, los órganos de los sentidos se reblandecen y debilitan, el simbolismo toma cada vez más el lugar de lo real, y asà llegamos por este camino a la barbarie tan seguramente como por cualquiera otro. Entretanto, podemos decir: el mundo es más feo que antes, pero significa un mundo más bello. Cuanto más el perfume de esta significación se esparce y se volatiliza, más raros son los que la comprenden. El resto permanece en la fealdad y busca el modo de gozar directamente con ella; de aquà que fracasen siempre. AsÃ, hay en Alemania una doble corriente de desenvolvimiento musical: aquà un grupo de diez mil personas de pretensiones cada vez más delicadas y que escuchan «lo que esto quiere decir», y allá la inmensa mayorÃa, que cada año se hace más incapaz de comprender el elemento significativo aún bajo la forma de fealdad material, y por esta razón aprende a tomar de la música lo que es en sà feo y repugnante, es decir, bajamente material, con mayor placer.