Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 218
LA PIEDRA ES HOY MÁS PIEDRA QUE NUNCA.— No comprendemos la arquitectura, hablando en general, de la misma manera que comprendemos la música. Hemos crecido fuera de lo simbólico de las líneas y de las figuras, nos hemos desacostumbrado de los efectos sonoros de la retórica, y ya no hemos mamado más esa especie de leche material de la educación. En un edificio griego o cristiano, todo significaba algo, y esto en relación a un orden de cosas superior; la idea de una significación inagotable se mantenía alrededor del edificio y le cubría a la manera de un velo encantado. La belleza no entraba sino accesoriamente en el sistema, sin interesar esencialmente el elemento fundador, fuente de sublimidad siniestra, de consagración por su vecindad de los dioses y de la magia; la belleza suavizaba extraordinariamente el horror, pero este horror era dondequiera la condición primera. ¿Qué es hoy para nosotros la belleza de un edificio? Lo mismo que el hermoso rostro de una mujer sin espíritu, algo así como una máscara.
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