Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EN FAVOR DEL OCIOSO.— Es señal de lo que ha bajado el valor de la vida contemplativa, que los sabios luchen hoy con las gentes de acción en una especie de gozo apresurado, al punto de que parecen también ellos apreciar más esta manera de gozar que lo que les conviene. Los sabios tienen vergüenza del otium. Y sin embargo, es cosa noble. Si la ociosidad es el comienzo de todos los vicios, también es la proximidad de las virtudes: el hombre ocioso es siempre mejor que el activo. No creas, señor perezoso, que hablo contigo.
285
LA INQUIETUD MODERNA.— Hacia el Oeste, crece más la agitación humana, aunque los americanos se figuren a los europeos amigos del ocio y de los placeres. Y es tan grande esta agitación, que la cultura moderna no tiene tiempo de madurar sus frutos: es como si se sucedieran rápidamente las estaciones. Por falta de reposo, nuestra civilización corre de nuevo a la barbarie. Nunca fueron más estimados los trabajadores. AsÃ, pues, entre las enmiendas de la humanidad, es preciso incluir la vuelta a la vida contemplativa. De hoy más, todo individuo calmoso y sereno puede creer que no sólo posee un buen temperamento, sino que también una virtud de utilidad general, la cual tiene el deber de conservar.
286