Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano PODER Y LIBERTAD.— Por elevado que sea el concepto que las mujeres tengan de sus maridos y el respeto que les guarden, respetan, sin embargo, con mayor intensidad todavÃa las fuerzas y las concepciones reconocidas por la sociedad: están habituadas desde hace siglos a marchar ante cualquier dominio, con las manos cruzadas sobre el pecho, y desaprueban toda insubordinación contra el poder público. Por eso van siempre a colocarse sin haber tenido siquiera la intención de hacerlo, casi instintivamente, como una pieza de más entre las ruedas de un movimiento independiente de libre pensamiento, e impacientan en ocasiones a sus maridos, sobre todo cuando éstos piensan todavÃa que es el amor el que, en el fondo, impulsa a sus mujeres a ese proceder. Desaprobar los medios que se valen las mujeres y rendir magnánimo homenaje a los móviles de los mismos medios, tal es la manera de ver de los hombres y frecuentemente su desesperación.
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