Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano «CETERUM CENSEO».— Da risa ver una sociedad de desharrapados decretar la supresión de la herencia, y a gentes sin hijos esforzarse en dictar las leyes de un país; ni los unos ni los otros tienen en su embarcación bastante lastre para darse a la vela con seguridad en el océano del porvenir. Pero parece igualmente absurdo que el que ha tomado como tarea el conocimiento más general y la estimación del conjunto de los seres, vaya a encargarse de detalles personales de familia, de manutención, de protección, de tutela de la mujer y del niño, y a desplegar ante su telescopio ese velo opaco que deja apenas penetrar algunos rayos del mundo lejano de los astros. Viendo esto, ha llegado al principio de que, en lo que concierne a las altas especulaciones filosóficas, todas las personas casadas son sospechosas.
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PARA CONCLUIR.— Hay bastantes clases de cicuta, y de ordinario la suerte encuentra ocasión propicia para llevar a los labios del espíritu libre una copa de esta bebida envenenada para castigarle como dice el mundo. ¿Qué harán entonces las mujeres en torno de él? Se pondrán a gritar, a gemir y quizá hasta turbar el reposo vespertino del pensador; lo mismo que hicieron en la prisión de Atenas, «¡Oh Critón!, manda que echen fuera a esas mujeres» —dijo Sócrates.