Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LA GRAN POLÍTICA Y SUS INCONVENIENTES.— Del mismo modo que un pueblo no sufre los mayores inconvenientes de la guerra y de su preparación en los gastos de la misma, en la paralización del comercio y de las comunicaciones, ni tampoco en el sostenimiento de los ejércitos permanentes —por graves que puedan ser estos inconvenientes, hoy que ocho Estados de Europa gastan en ello anualmente la suma de cinco mil millones—, sino en que de año en año los hombres más sanos, más fuertes, más laboriosos, son arrancados a sus ocupaciones y a sus vocaciones para hacerlos soldados; así también un pueblo que se propone como deber hacer gran política y asegurarse una voz preponderante entre las potencias, no soporta los mayores inconvenientes allí donde se encuentran de ordinario. Es verdad que a partir de ese momento sacrifica continuamente multitud de talentos eminentes en el «altar de la patria» o por ambición nacional, siendo así antes que esos talentos que hoy devora la política, encontraban abiertos otros campos de acción. Pero al lado de esas catástrofes públicas, y en un fondo mucho más horroroso, tiene lugar un drama que no cesa de representarse en cien mil actos simultáneamente.