Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LAS RUINAS SIRVIENDO DE ADORNO.— Los que pasan por muchas transformaciones del espíritu, conservan algunas ideas y hábitos anteriores, los cuales se acomodan en su pensamiento y en su nueva conducta como un fragmento de antigüedad inexplicable y de muralla gris: frecuentemente, como ornamento de todo el paisaje.
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AMOR Y RESPETO.— El amor desea, el temor evita. En esto consiste que nadie pueda ser amado y temido a la vez por la misma persona, a lo menos a un tiempo. Desde que el que respeta reconoce el poder, le teme; su condición es la de un temor respetuoso. Pero el amor no reconoce ningún poder, nada que separe, distinga, establezca superioridad o inferioridad. Por esto el que no respeta más que a los hombres ambiciosos siente en secreto o abiertamente repugnancia del hecho de ser amado.
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PREJUICIO EN FAVOR DE LOS HOMBRES FRÍOS.— Los hombres que se enardecen pronto, pronto se enfrían, y por ello son poco seguros en general. Por esto se tiene con respecto a los que están siempre fríos o se fingen tales el prejuicio favorable de que son dignos de confianza y seguros; se les confunde con aquéllos que se enardecen lentamente y conservan ese fuego largo tiempo.
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