Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL PELIGRO DE LAS OPINIONES LIBRES.— El ligero contacto con las opiniones libres procura una excitación como una especie de grito de júbilo; si se le da más, se comienza a producir un frotamiento que al fin forma una llaga dolorosa, es decir, hasta que la opinión libre comienza a turbarnos, a torturarnos en el rumbo de nuestra existencia, en nuestras relaciones sociales.
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DESEO DE UN PROFUNDO DOLOR.— La pasión deja, después de haber pasado, un recuerdo triste de ella, y nos dirige mientras desaparece una mirada seductora. Es menester, para eso, que haya una especie de placer en ser azotado por ella. Los sentimientos mediocres están vacÃos; se ama más a lo que aparece el disgusto violento que el placer vulgar.
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