Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano VICTORIA DEL CONOCIMIENTO SOBRE EL MAL RADICAL.— Para todo aquél que quiere hacerse sabio, es rico filón el haber abrigado, durante algún tiempo, el concepto del hombre malo y corrompido por naturaleza: este concepto es falso como el opuesto, ha dominado durante períodos enteros, y las raíces han echado ramales hasta nosotros y en todo el mundo. Para comprendernos, es necesario comprenderle; pero para ascender todavía más, es preciso que le hayamos afirmado. Entonces todavía más, es preciso que le hayamos afirmado. Entonces reconocemos que no hay pecados en sentido metafísico, pero que tampoco hay virtudes en el mismo sentido; que todo este dominio de las ideas morales está continuamente en eterno vaivén; que hay conceptos más altos o más bajos del bien y del mal, de lo moral y de lo inmoral. Quien no busca en las cosas sino conocerlas, llega fácilmente a vivir en paz con su propia alma; cuanto más, podrán achacarse a ignorancia, difícilmente a concupiscencia, sus errores (pecados que dice el mundo). Ya no querrá ni excomulgar ni extirpar los apetitos; pero ese fin único, que le domina por completo, de conocer, en todos los instantes, tanto como le es posible, le dará la sangre fría que necesita y suavizará todo lo que haya de salvaje en su naturaleza. Hallase libre, por otra parte, de multitud de ideas mortificantes, no queda ya impresionado por las palabras sobre las personas del infierno, sobre el estado del pecado, sobre la incapacidad del bien: no las reconoce sino como sombras vagas de falsos conceptos del mundo y de la vida.