La gaya ciencia
La gaya ciencia En las más largas y lejanas épocas del género humano habÃa remordimientos de conciencia enteramente distintos de los actuales. Hoy nos sentimos responsables solamente de lo que queremos y hacemos, y ponemos nuestro orgullo en nosotros mismos: todos nuestros jurisconsultos parten de esta sensación de sà mismo y de placer que tiene el individuo, como si aquà hubiese brotado desde siempre la fuente del Derecho. Pero durante la más larga época del género humano no ha habido nada más terrible que sentirse individuo. Estar solo, notar cosas uno mismo, no obedecer ni dominar, significar un individuo, eso no era entonces un placer, sino un castigo; se habÃa sido condenado «a ser un individuo». La libertad de pensamiento estaba considerada como lo intranquilizador por excelencia. Mientras que nosotros sentimos la ley y la inserción en un orden como coacción y merma, el egoÃsmo se sentÃa antes como algo penoso, como una auténtica precariedad. Ser uno mismo, estimarse con arreglo a una medida y a un peso propios: esto era en aquel entonces de mal gusto. La inclinación a ello habrÃa sido sentida como locura: pues con la soledad estaba vinculada toda miseria y todo miedo. En aquel entonces la «voluntad libre» tenÃa la mala conciencia en su más próxima vecindad: y cuanto menos libremente se actuaba, cuanto más hablaba por boca de la acción el instinto gregario y no el sentido personal, tanto más moral se estimaba uno a sà mismo. Todo lo que perjudicaba al rebaño, lo hubiese querido o no el individuo, le daba en aquel entonces al individuo remordimientos de conciencia, ¡y además a su vecino, incluso al rebaño entero! En este punto es donde más hemos aprendido y cambiado.