La gaya ciencia
La gaya ciencia Habla a favor de la superior cultura de los griegos, incluso en épocas bastante tempranas, que los intentos de fundar nuevas religiones griegas fracasaron varias veces; habla a favor de que en Grecia tiene que haber existido ya muy pronto una gran cantidad de individuos de diferentes tipos cuya indigencia de diferentes tipos no se podía solucionar con una única receta de fe y esperanza. Pitágoras y Platón, quizá también Empédocles, y ya mucho antes los espíritus delirantes órficos, iban en pos de fundar nuevas religiones; y los dos mencionados en primer lugar tenían tan auténticas almas y talentos de fundadores de religiones que nunca nos extrañaremos lo suficiente de su fracaso: solo llegaron al nivel de las sectas. Cada vez que fracasa la Reforma de todo un pueblo y solo sectas levantan su cabeza, es lícito inferir que el pueblo ya es muy pluriforme en sí y que comienza a separarse de los toscos instintos gregarios y de la eticidad de la costumbre: un estado intermedio lleno de significado que estamos acostumbrados a injuriar como ruina de las costumbres y corrupción, mientras que anuncia la maduración del huevo y que el cascarón está a punto de romperse. Que la Reforma de Lutero tuviese éxito en el Norte, es señal de que el Norte se había quedado atrasado respecto del Sur de Europa y de que sus necesidades todavía eran bastante uniformes y monocromas; no se habría dado cristianización alguna de Europa si la cultura del viejo mundo del Sur no hubiese sido barbarizada paulatinamente por una excesiva adición y mezcla de sangre bárbara germana y no hubiese perdido su preponderancia cultural. Cuanto más general e incondicionado es el modo en que un individuo o la idea de un individuo pueden actuar, tanto más uniforme y más baja tiene que ser la masa sobre la que actúe, mientras que las tendencias contrarias dejan traslucir necesidades interiores contrarias que también quieren satisfacerse e imponerse. Y, a la inversa, es lícito inferir una altura real de la cultura siempre que las naturalezas poderosas y ávidas de dominio no llegan a producir más que un efecto pequeño y ejercen su influencia solamente sobre una secta, y esto mismo se puede aplicar también a las distintas artes y a los distintos terrenos del conocimiento. Allí donde se domina, hay masas; allí donde hay masas, hay una necesidad de esclavitud. Allí donde hay esclavitud, hay pocos individuos, y estos tienen los instintos gregarios y la conciencia en su contra.