La gaya ciencia
La gaya ciencia 334
Hay que aprender a amar
Asà nos pasa en la música: primero, hay que aprender sencillamente a oÃr una figura y una melodÃa, a sacarla con el oÃdo, a distinguirla, a aislarla y delimitarla como una vida en sà misma; después, es necesario esfuerzo y buena voluntad para soportarla aunque nos resulte extraña, ejercitarse en la paciencia con su mirada y su expresión, en la suavidad de corazón con lo que tiene de caprichosa: y al final llega un momento en el que nos hemos acostumbrado a ella, en el que la esperamos, en el que entrevemos que la echarÃamos de menos si faltase; y entonces ella obra su coacción y su encantamiento más y más, y no ceja hasta que nos hayamos convertido en sus humildes y arrobados amantes, que ya no quieren de cuanto encierra el mundo otra cosa que música y solo música. Pero eso nos sucede no solo con ella: justo asà es como hemos aprendido a amar todas las cosas que ahora amamos. Al fin y al cabo, nuestra buena voluntad, nuestra paciencia, nuestra equidad, nuestra suavidad de ánimo con lo ajeno siempre obtienen recompensa: lo ajeno se despoja lentamente de su velo y se presenta como una nueva e indecible belleza, y ese es su agradecimiento por nuestra hospitalidad. También quien se ama a sà mismo habrá aprendido a hacerlo por esta vÃa: no hay otra. También el amor hay que aprenderlo.
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