La genealogia de la moral
La genealogia de la moral Después vienen algunos «relámpagos»; ¿por qué los filósofos se han sentido atraídos por el ideal ascético? Porque en él se encuentran insinuados ciertos puentes hacia la independencia. Porque pobreza, humildad y castidad (los tres votos sacerdotales, dice Nietzsche) son más propicios al filósofo que «la fama, los principes y las mujeres». A un filósofo se le reconoce en que se aparta de estas tres cosas brillantes y ruidosas. Nietzsche escribe entonces el asombroso §8, en que con tremenda ironía comenta los «tres votos» del filosofo. El ascetismo duro y sereno, o, en otras palabras, el ideal ascético, fue algo favorable a la filosofía en sus comienzos. Le ayudó a dar sus primeros pasos en la tierra. Los hombres contemplativos fueron al comienzo despreciados —o temidos. Por ello el sacerdote-filósofo tuvo que hacerse temer, lo cual no podía conseguirse más que con la crueldad: crueldad consigo mismo (ascetismo), primero, y después, crueldad con los demás. A la sombra del sacerdote caminaba el filósofo: «el sacerdote ascético ha sido hasta ahora la larva repugnante y sombría del filósofo, la única forma bajo la cual se le permitía moverse en la tierra» (T. III, §10). Pero de ese gusano, de esa larva, ¿se ha liberado ya el filósofo en nuestro tiempo?