Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal 195
Los judíos —un pueblo «nacido para la esclavitud», como dicen Tácito y todo el mundo antiguo, «el pueblo elegido entre los pueblos», como dicen y creen ellos mismos —los judíos han llevado a efecto aquel prodigio de inversión de los valores gracias al cual la vida en la tierra ha adquirido, para unos cuantos milenios, un nuevo y peligroso atractivo: —sus profetas han fundido, reduciéndolas a una sola, las palabras «rico», «ateo», «malvado», «violento», «sensual», y han transformado por vez primera la palabra «mundo» en una palabra infamante. En esa inversión de los valores (de la que forma parte el emplear la palabra «pobre» como sinónimo de «santo» y «amigo») reside la importancia del pueblo judío: con él comienza la rebelión de los esclavos en la mo ral.
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Hay al lado del sol innumerables cuerpos oscuros que hemos de inferir, — aquellos que no veremos nunca. Esto es, dicho entre nosotros, un símil; y un psicólogo de la moral lee la escritura entera de las estrellas tan sólo como un lenguaje de símiles y de signos que permite silenciar muchas cosas.
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