Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Cuando Europa, intoxicada por los sueños de Rousseau, danzaba alrededor del árbol de la libertad durante la Revolución, no comprendía que su vehemente romanticismo habría de estrellarse contra la roca napoleónica, tal como nuestra creencia pelágica de la perfectabilidad de la naturaleza humana tropieza con el pétreo muro de nuestra herencia simiesca. Ya he dicho que la poesía es la mayor tarea metafísica de los hombres, pero nuestra pasión poética nos vela el concreto hecho de que apenas nos hemos apartado del tigre y del gorila la «angelical» hembra se acerca en tal forma a los mejores animales de la jungla que dudo si alguna vez la raza humana llegará a ser humana, y mucho menos superhumana.
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