Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Reemplacé a Samuel por Zaratustra, del mismo modo que reemplacé al gigante Wagner por Peter Gast, el pequeño, que tan parecido era externamente al señor de Bayreuth. Pero ¿qué son los parecidos? ¿Qué extensión tiene la grandeza? ¿Qué límite tiene la pequeñez?
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Sin duda alguna, Peter es una marcada personalidad que tuvo influencias definidas sobre mí, en nada parecidas a las que Wagner apiló sobre mi frágil sistema nervioso. Pero ¿qué hay con respecto a los fantasmas que me persiguen, como el forastero que pasó a mí vera en un bosque donde me paseaba placenteramente, me miró firmemente, sonrió y siguió su camino? ¿Qué de esos misteriosos y corteses fantasmas que, sin objeto aparente, viven con nosotros, nos siguen por doquier, y sin prevenirnos siquiera se esfuman de nuestra psiquis en un eterno anonimato?
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Hay una transparente felicidad, sencillamente en viajar en los trenes, comer en cualquier estación al paso, y planear empresas nuevas para el futuro. Es triste recordar que cualquier ciudad que habitaba se convertía al poco tiempo en terriblemente tediosa y carente de recursos intelectuales.