1984
1984 Encendà la luz. Cuando la vi claramente...
Después de la casi inexistente luz de la lamparilla de aceite, la luz eléctrica parecÃa cegadora. Por primera vez pudo ver a la mujer tal como era. Avanzó un paso hacia ella
y se detuvo horrorizado. ComprendÃa el riesgo a que se habÃa expuesto. Era muy posible que las patrullas lo sorprendieran a la salida. Más aún: quizá lo estuvieran esperando ya a la puerta. Nada iba a ganar con marcharse sin hacer lo que se habÃa propuesto.
Todo aquello tenÃa que escribirlo, confesarlo. Vio de pronto a la luz de la bombilla que la mujer. Era vieja. La pintura se apegotaba en su cara tanto que parecÃa ir a resquebrajarse como una careta de cartón. TenÃa mechones de cabellos blancos; pero el detalle más horroroso era que la boca, entreabierta, parecÃa una oscura caverna. No tenÃa ningún diente.
Winston escribió a toda prisa:
Cuando la vi a plena luz resultó una verdadera vieja. Por lo menos tenÃa cincuenta años. Pero, de todos modos, lo hice.