1984
1984 Mientras estuvo en el urinario, se las arregló para desdoblarlo dentro del bolsillo. Desde luego, tenía que haber algún mensaje en ese papel. Estuvo tentado de entrar en uno de los waters y leerlo allí. Pero eso habría sido una locura. En ningún sitio vigilaban las telepantallas con más interés que en los retretes.
Volvió a su cabina; sentóse, arrojó el pedazo de papel entre los demás de encima de la mesa, se puso las gafas y se acercó al hablescribe. «¡Todavía cinco minutos! -se dijo a sí mismo-, ¡por lo menos cinco minutos!» Le galopaba el corazón en el pecho con aterradora velocidad. Afortunadamente, el trabajo que estaba realizando era de simple rutina -la rectificación de una larga lista de números- y no necesitaba fijar la atención.