1984
1984 Las palabras contenidas en el papel tendrÃan con toda seguridad un significado polÃtico. HabÃa dos posibilidades, calculaba Winston. Una, la más probable, era que la chica fuera un agente de la PolicÃa del Pensamiento, como él temÃa. No sabÃa por qué empleaba la PolicÃa del Pensamiento ese procedimiento para entregar sus mensajes, pero podÃa tener sus razones para ello. Lo escrito en el papel podÃa ser una amenaza, una orden de suicidarse, una trampa... Pero habÃa otra posibilidad, aunque Winston trataba de convencerse de que era una locura: que este mensaje no viniera de la PolicÃa del Pensamiento, sino de alguna organización clandestina. ¡Quizás existiera una Hermandad! ¡Quizás fuera aquella muchacha uno de sus miembros!
La idea era absurda, pero se le habÃa ocurrido en el mismo instante en que sintió el roce del papel en su mano. Hasta unos minutos después no pensó en la otra posibilidad, mucho más sensata. E incluso ahora, aunque su cabeza le decÃa que el mensaje significarÃa probablemente la muerte, no acababa de creerlo y persistÃa en él la disparatada esperanza. Le latÃa el corazón y le costaba un gran esfuerzo conseguir que no le temblara la voz mientras murmuraba las cantidades en el hablescribe.