1984
1984 Julia no recordaba nada anterior a los años sesenta y tantos y la única persona que había conocido que le hablase de los tiempos anteriores a la Revolución era un abuelo que había desaparecido cuando ella tenia ocho años. En la escuela había sido capitana del equipo de hockey y había ganado durante dos años seguidos el trofeo de gimnasia. Fue jefe de sección en los Espías y secretaria de una rama de la Liga de la juventud antes de afiliarse a la Liga juvenil Anti-Sex. Siempre había sido considerada como persona de absoluta confianza. Incluso (y esto era señal infalible de buena reputación) la habían elegido para trabajar en Pomo-sec, la subsección del Departamento de Novela encargada de fabricar pornograffa barata para los proles.
Allí había trabajado un año entero ayudando a la producción de libritos que se enviaban en paquetes sellados y que llevaban títulos como Historias deliciosas, o Una noche en un colegio de chicas, que compraban furtivamente los jóvenes proletarios, con lo cual se les daba la impresión de que adquirían una mercancía ilegal.
-¿Cómo son esos libros? -le preguntó Winston por curiosidad.
-Pues una porquería. Son de lo más aburrido. Hay sólo seis argumentos. Yo trabajaba únicamente en los calidoscopios. Nunca llegué a formar parte de la Brigada de Repaso.