1984
1984 En cierto modo, Julia era menos susceptible que Winston a la propaganda del Partido. Una vez se refirió él a la guerra contra Eurasia y se quedó asombrado cuando ella, sin concederle importancia a la cosa, dio por cierto que no habÃa tal guerra. Casi con toda seguridad, las bombas cohete que caÃan diariamente sobre Londres eran lanzadas por el mismo Gobierno de OceanÃa sólo para que la gente estuviera siempre asusta-da. A Winston nunca se le habÃa ocurrido esto. También despertó en él Julia una especie de envidia al con-fesarle que durante los dos Minutos de Odio lo peor para ella era contenerse y no romper a reÃr a carcajadas. Pero Julia nunca discutÃa las enseñanzas del Partido a no ser que afectaran a su propia vida. Estaba dispuesta a aceptar la mitologÃa oficial, porque no le parecÃa importante la diferencia entre verdad y falsedad. CreÃa por ejemplo -Porque lo habÃa aprendido en la escuela- que el Partido habÃa inventado los aeroplanos. (En cuanto a Winston, recordaba que en su época escolar, en los años cincuenta y tantos, el Partido no pretendÃa haber inventado, en el campo de la aviación, más que el autogiro; una docena de años después, cuando Julia iba a la escuela, se trataba ya del aeroplano en general; al cabo de otra generación, asegurarÃan haber descubierto la máquina de vapor.) Y cuando Winston le dijo que los aeroplanos existÃan ya antes de nacer él y mucho antes de la Revolución, esto le pareció a la joven carecer de todo interés. ¿Qué importaba, después de todo, quién hubiese inventado los aeroplanos? Mucho más le llamó la atención a Winston que Julia no recordaba que OceanÃa habÃa estado en guerra, hacÃa cuatro años, con Asia Oriental y en paz con Eurasia. Desde luego, para ella la guerra era una filfa, pero por lo visto no se habÃa dado cuenta de que el nombre del enemigo habÃa cambiado. «Yo creÃa que siempre habÃamos estado en guerra con Eurasia», dijo en tono vago. Esto le impresionó mucho a Winston. El invento de los aeroplanos era muy anterior a cuando ella nació, pero el cambiazo en la guerra sólo habÃa sucedido cuatro años antes, cuando ya Julia era una muchacha mayor. Estuvo discutiendo con ella sobre esto durante un cuarto de hora. Al final, logró hacerle recordar confusamente que hubo una época en que el enemigo habÃa sido Asia Oriental y no Eurasia. Pero ella seguÃa sin comprender que esto tuviera importancia. «¿Qué más da?», dijo con impaciencia. «Siempre ha sido una puñetera guerra tras otra y de sobras sabemos que las noticias de guerra son todas una pura mentira.»