Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Todos comenzaron a maldecir y a preguntar por qué demonios no nos mandaban refuerzos. Con una metralleta o veinte hombres con fusiles limpios podíamos defender ese lugar contra un batallón. En ese momento Paddy Donovan, que era el segundo en la línea de mando tras Benjamín y había sido enviado en busca de órdenes, trepó por encima del parapeto delantero.
—¡Eh! ¡Salid! ¡Todos afuera, inmediatamente!
—¿Cómo?
—¡Hay que retirarse! ¡Salid!
—¿Por qué?
—Órdenes. ¡De vuelta a nuestras líneas y a paso ligero!
Algunos ya escalaban el parapeto de delante. Varios trataban de transportar una pesada caja de municiones. Pensé en el telescopio que había dejado apoyado contra el parapeto, al otro lado de la posición. Pero entonces vi que los cuatro integrantes de las milicias de choque, actuando, supongo, según una orden misteriosa recibida con antelación, habían comenzado a correr por la trinchera que conducía a la otra posición fascista, donde los esperaba la muerte. Ya habían desaparecido en la oscuridad. Corrí tras ellos, tratando de traducir al español la orden de retirada hasta que por fin grité: «¡Atrás! ¡Atrás!», que quizá tenía el mismo significado. El español me entendió e hizo retroceder a los otros. Paddy aguardaba junto al parapeto.