Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Dos ingleses cogieron una insolación. Mis recuerdos más vívidos de esa época son el calor del mediodía, el trabajar semidesnudos con sacos de arena sobre los hombros quemados por el sol; la mugre de las ropas y de las botas destrozadas; las luchas con la mula que traía nuestras raciones y que no tenía miedo de los disparos de fusil, pero huía cuando había un estallido de granada; los mosquitos, ya activos, y las ratas, molestas y ruidosas, que devoraban hasta cinturones y cartucheras. Nada ocurría, excepto alguna baja ocasional producida por el disparo de un tirador apostado, el esporádico fuego de artillería y los ataques aéreos sobre Huesca. Como los árboles ya estaban cubiertos de hojas, habíamos construido plataformas para tiradores en lo alto de los álamos que bordeaban la línea. Al otro lado de Huesca, los ataques comenzaban a disminuir. Los anarquistas habían sufrido serias pérdidas sin lograr cortar del todo la carretera de Jaca. Habían conseguido establecerse a ambos lados, lo bastante cerca como para tener la ruta a tiro de ametralladora e impedir el tránsito, pero la brecha tenía un kilómetro de extensión y los fascistas habían construido un camino hundido, una especie de enorme trinchera, por el cual cierto número de camiones podía ir y venir. Algunos desertores informaron de que en Huesca quedaban muchas municiones y pocos alimentos; era evidente que la ciudad no caería. Quizá resultaba imposible tomarla con los quince mil hombres mal armados de que se disponía. Más tarde, en junio, el gobierno retiró tropas del frente de Madrid hasta reunir treinta mil hombres sobre Huesca y gran cantidad de aviones; ni aun así cayó la ciudad.