Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Esa noche oímos decir que en la Plaza de España cuatrocientos guardias civiles se habían rendido y entregado sus armas a los anarquistas; también se filtraban algunas noticias, bastante vagas, en el sentido de que en los suburbios (principalmente en los barrios obreros) la CNT conservaba el control. Parecía que estábamos ganando. Pero esa misma noche Kopp envió a por mí y, con el rostro grave, me dijo que, según una información recién recibida, el gobierno se disponía a ilegalizar al POUM y a declarar el estado de guerra. La noticia me produjo una gran conmoción. Era el primer indicio que tenía de la interpretación que más tarde se daría a estos sucesos. Comprendí vagamente que, cuando la lucha concluyera, el POUM, que era el partido más débil y, por ende, el chivo expiatorio más propicio, cargaría con toda la culpa. Entretanto, nuestra neutralidad local había concluido. Si el gobierno nos declaraba la guerra no teníamos otra alternativa que defendernos y en la sede central estábamos seguros de que los guardias civiles del café vecino recibirían órdenes de atacarnos. Nuestra única salida consistía en atacarlos primero. Kopp aguardaba órdenes telefónicas. Si nos acababan de confirmar que el POUM realmente había sido proscrito, debíamos prepararnos de inmediato para apoderarnos del Café Moka.