Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Estaba muy bajo de ánimos y agotado después de pasar sesenta horas casi sin dormir. Ya era noche avanzada. Detrás de la barricada de losas, en la planta baja, el suelo estaba cubierto de gente dormida. En el primer piso había un sofá en una pequeña habitación que pensábamos utilizar como enfermería, aunque, por supuesto, descubrimos que no teníamos ni siquiera vendas. Me eché en el sofá, con la sensación de que necesitaba una media hora de descanso antes del ataque al «Moka», en el transcurso del cual probablemente me matarían. Recuerdo la gran molestia que me producía la pistola, sujeta al cinturón e incrustada en los riñones. Lo próximo que recuerdo es que me desperté sobresaltado y vi a mi esposa de pie junto a mí. Me dijo que había acudido a ofrecerse como enfermera y que le había dado pena despertarme. Ya era pleno día, el gobierno no había declarado la guerra al POUM, el agua seguía fluyendo por los grifos y, salvo algunos disparos esporádicos en las calles, todo estaba tranquilo.