Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Esa tarde hubo una especie de armisticio. Los disparos cesaron y, con sorprendente rapidez, las calles se llenaron de gente. Unos pocos negocios comenzaron a levantar sus persianas, y el mercado se abarrotó de una enorme muchedumbre que clamaba por comida, aunque los puestos estaban casi vacÃos. Con todo, destacaba que los tranvÃas todavÃa no circulaban. Los guardias civiles seguÃan detrás de sus barricadas en el Café Moka. Los edificios fortificados no fueron evacuados por ninguno de los dos bandos. En todos los sectores se escuchaban las mismas preguntas ansiosas: «¿Crees que ya se acabó? ¿Crees que volverá a empezar?». Ahora se hablaba de la lucha como de una especie de calamidad natural, similar a un huracán o a un terremoto, que nos agobiaba a todos por igual y que no podÃamos detener. Casi de inmediato —supongo que en realidad hubo varias horas de tregua, pero nos parecieron unos pocos minutos— un súbito estrépito de un fusil, como un trueno de verano, nos hizo correr a todos; las persianas metálicas volvieron a caer, las calles se vaciaron como por arte de magia, las barricadas se llenaron, y «aquello» volvÃa a empezar.