Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Podíamos ya empezar a hacer conjeturas sobre lo que ocurriría. Era fácil ver que el gobierno de Caballero caería y sería reemplazado por otro más derechista, sometido a una influencia comunista aún más fuerte (esto ocurrió una o dos semanas más tarde), que se empeñaría en terminar con el poder de los sindicatos de una vez para siempre. Para después, cuando Franco fuera derrotado —aun dejando de lado los enormes problemas planteados por la reorganización de España—, las perspectivas no eran halagüeñas. Los comentarios periodísticos acerca de «una guerra librada en defensa de la democracia» eran mero engaño. Ninguna persona sensata podía suponer que hubiera alguna esperanza de democracia, ni siquiera como la entendemos en Inglaterra o en Francia, en un país tan dividido y exhausto como lo sería España al concluir la guerra. Se acabaría imponiendo una dictadura y, evidentemente, la posibilidad de una dictadura proletaria había pasado. Ello significaba que el país sería sometido a alguna clase de fascismo. De un fascismo que, sin duda, tendría algún nombre más agradable y —por tratarse de España— sería más humano y menos eficiente que las variedades alemana o italiana. Las únicas alternativas parecían ser: o una dictadura franquista infinitamente peor o que la guerra terminara (siempre era una posibilidad) con una división de España, ya sea por verdaderas fronteras o por zonas económicas.