Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Acabábamos de llegar al frente cuando supimos que Bob Smillie, en viaje de regreso a Inglaterra, había sido arrestado en la frontera, trasladado a Valencia y encarcelado. Smillie estaba en España desde octubre. Después de haber trabajado durante varios meses en las oficinas del POUM, se unió a la milicia cuando llegaron los otros miembros del ILP pues quería luchar unos tres meses en el frente, antes de regresar a Inglaterra para tomar parte en una gira de propaganda. Pasó algún tiempo antes de que pudiéramos descubrir por qué lo habían arrestado. Smillie estaba incomunicado*, de modo que ni siquiera su abogado podía verlo. En la práctica jurídica española no hay habeas corpus y un individuo puede estar en la cárcel durante varios meses sin que se concrete ninguna acusación y mucho menos se lo juzgue. Por fin supimos, a través de un prisionero liberado, que Smillle había sido arrestado por «portar armas». Las «armas» eran dos granadas del rudimentario tipo utilizado al comienzo de la guerra que, junto con fragmentos de proyectiles y otros recuerdos del frente, llevaba a Inglaterra para mostrar en sus conferencias. Las granadas ya no tenían ni carga ni espoleta, y sus cilindros vacíos eran completamente inocuos. Evidentemente, se habían valido de un pretexto; el arresto se debía a la conocida vinculación de Smillie con el POUM. En Barcelona la lucha acababa de cesar y las autoridades se mostraban ansiosas por impedir que salieran de España aquellos que podían contradecir la versión oficial. En consecuencia, era muy probable que en las fronteras se hicieran nuevos arrestos, con pretextos más o menos tontos. Posiblemente, la intención sólo fuera, en un principio, retener a Smillie unos pocos días, pero en España, una vez que se entra en la cárcel, generalmente se permanece allí, con juicio o sin él.