Homenaje a Cataluña

Homenaje a Cataluña

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cinco días estuve ausente de Barcelona. Un camión lleno de milicianos nos dejó en Siétamo a medianoche; en cuanto llegamos a los cuarteles del POUM, nos hicieron formar y comenzaron a entregarnos fusiles y balas antes de preguntarnos siquiera nuestros nombres. Parecía que el ataque comenzaba y que podían necesitarse reservas en cualquier momento. Tenía el certificado hospitalario en el bolsillo, pero no podía negarme a ir con los demás. Me acosté en el suelo, teniendo como almohada una caja de cartuchos. Mi estado era de profundo desaliento. El estar herido me había socavado el coraje —creo que es la consecuencia habitual— y la perspectiva de entrar en acción me espantaba. Sin embargo, hubo un poco de mañana*, como de costumbre, y no nos llamaron; al día siguiente presenté mi certificado e inicié los trámites para que me dieran la licencia, lo que significó una serie de viajes confusos y agotadores. Me enviaron de un hospital a otro —Siétamo, Barbastro, Monzón, de vuelta a Siétamo para que me sellaran los papeles, luego a lo largo de la línea de fuego, vía Barbastro y Lérida—. La concentración de tropas en Huesca había monopolizado el transporte y desorganizado todo. Recuerdo que tuve que dormir en sitios bien extraños; una vez en un hospital, otra vez en una zanja, otra en un banco muy angosto del que me caí a mitad de la noche y otra en una especie de albergue municipal en Barbastro. En cuanto te alejabas de las vías del ferrocarril, la única posibilidad de viajar eran los camiones que quisieran parar. Había que esperar en la carretera durante horas, a veces tres o cuatro, junto a desconsolados campesinos que llevaban bultos llenos de patos y conejos, haciendo señas a un camión tras otro. Cuando finalmente se detenía un camión que no estaba repleto de hombres, pan o cajas de munición, el bamboleo sobre los pésimos caminos me reducía a pulpa. Ningún caballo me ha tirado nunca tan alto como esos camiones. La única manera posible de viajar consistía en apiñarse y aferrarse los unos a los otros. Fue humillante comprobar que seguía demasiado débil como para subir a un camión sin ayuda.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker