Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña McNair y Cottman siguieron hasta París; mi esposa y yo dejamos el tren en Banyuls, la primera estación francesa, seguros de que necesitábamos un descanso. No nos recibieron demasiado bien en Banyuls cuando supieron que veníamos de Barcelona. Varias veces me vi envuelto en la misma conversación: «¿Usted viene de España? ¿De qué lado peleó? ¿Del gobierno? ¡Oh!», y luego una marcada frialdad. La pequeña ciudad parecía decantarse decididamente en favor de Franco, sin duda a causa de los refugiados españoles fascistas que habían ido llegando allí periódicamente. El camarero del café que frecuentaba era un español profranquista que me solía dirigir miradas de desprecio mientras me servía el aperitivo. Otra cosa ocurría en Perpiñán, llena de partidarios del gobierno y donde las intrigas entre las distintas facciones seguían casi como en Barcelona. Había un café donde la palabra «POUM» te procuraba de inmediato amistades francesas y sonrisas del camarero.